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El blanco de una novia nunca es simplemente blanco. Cambia con la piel, con la luz, con la textura del tejido y con la manera en que el vestido construye el cuerpo. Entre un marfil, un blanco óptico o un tono ligeramente cálido pueden existir diferencias mínimas a primera vista, pero decisivas cuando la prenda empieza a tomar forma.

El oficio detrás de esa elección centra nuestra conversación con los diseñadores de Malne: cómo se encuentra el blanco adecuado, qué papel juegan la piel y las proporciones, cómo cambia el color al trabajar capas, transparencias o volúmenes y por qué, en ocasiones, es necesario incluso teñir un tejido hasta encontrar el tono exacto. Una mirada al vestido de novia desde uno de sus detalles más aparentemente sencillos y, sin embargo, más delicados.

Cuando se dice que existen “blancos para aburrir”, ¿qué diferencias puede llegar a encontrar un diseñador entre unos tonos y otros y qué buscáis para saber cuál pertenece a cada novia?

Hay muchísimos tipos de blanco, el blanco cloud, por ejemplo, que Malne avanzó con el desfile Frida XXI, ha sido la tendencia este año. Cada blanco tiene sus subtonos, más azulados, fríos, perlados, más hacia el blanco roto beige… cada uno expresa algo por sí mismo. Basándonos en distintos criterios como la de los subtonos de la piel de la novia, tipo de vestido que quiere llevar, más o menos clásico, eliges el tono de blanco.

Es un mundo apasionante.

¿Qué os dice la piel, el cabello o incluso la manera en que una mujer se mueve a la hora de decidir si su vestido necesita un blanco más frío, más cálido, más luminoso o más apagado?

Si la mujer tiene un subtono frío de piel le irá un blanco más azulado, si el subtono de la piel es más cetrino, los blancos rotos iluminarán esa piel.

También el pelo influye. Son estudios de colorimetria que forman parte de la profesión.

¿Puede un blanco precioso en una muestra de tejido dejar de funcionar cuando se convierte en un vestido completo? ¿Cómo influyen el volumen, las capas, las transparencias o la textura en la percepción final del color?

Un vestido de novia no es solo un color, es sobre todo la caída del tejido. Si la novia desea una línea fluida o más arquitectónica, evidentemente el material adecuado cambia. Todo esto son años de experiencia y profesión. 

En Malne trabajáis incluso con tejidos teñidos para encontrar determinados blancos. ¿En qué momento un diseñador decide que el tono que busca no existe tal cual y que es necesario crearlo?

El mercado del textil está muy abastecido, pero te puede suceder que no encuentres el color deseado en el material adecuado. Para poder adecuar esto, se recurre al arte del teñido, que tiene también mucha historia detrás. Cada tejido y material requieren un método distinto, una mezcla de químicos o de tintes naturales que no destruya el material o estropeen su caída. Se hacen pruebas y se consiguen resultados.

Es una de las posibilidades que una marca que trabaja con profesionales de la artesanía puede ofrecer, y Malne puede hacerlo.

Después de tantos años vistiendo novias, ¿qué errores veis con más frecuencia cuando se piensa que elegir el blanco es una decisión sencilla o puramente estética? ¿Qué parte de esa elección solo puede aportar el oficio?

En alta moda nupcial toda decisión de diseño se tiene que respaldar en el talento y la profesionalidad. Como decíamos, hay elecciones de tejidos que se sostienen sobre criterios profesionales. Y lo mismo con elecciones de blancos, basándote en conocimientos de colorimetria.

Para nosotros es sencillo porque es nuestro talento y nuestra profesión. Por eso somos la marca perfecta para guiar a la novia hacia el efecto deseado.

Paloma Alvarez y Juanjo Mánez