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Madrid volvió a convertirse este septiembre en escenario de la moda española. En una edición de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid que extendió sus desfiles por distintos enclaves de la ciudad, Malne presentó el pasado 17 de septiembre La Femme, su colección Primavera-Verano 2027, en el Campus de Comunicación y Artes de la Universidad Nebrija.

El lugar no fue un detalle menor. Bajo la luz del claustro y entre los muros de ladrillo del antiguo convento, la colección encontró un escenario alejado de la neutralidad habitual de una pasarela. Allí aparecieron las mujeres que habitan el nuevo universo de Paloma Álvarez y Juanjo Mánez: elegantes, teatrales, clásicas en ocasiones, exuberantes en otras y, por encima de cualquier categoría, conscientes del poder expresivo de la ropa.

El título de la colección resume toda la intención: La Femme es una mirada a la feminidad a través de la moda y, al mismo tiempo, una carta de amor a aquellas mujeres que durante décadas han sido algo más que modelos, actrices o acompañantes de grandes creadores: han sido musas capaces de transformar una prenda en una actitud y un estilo en una manera de estar en el mundo.

Las musas como punto de partida

Las musas parisinas Inès de La Fressange, Loulou de La Falaise, Françoise Hardy, Audrey Tautou y Marion Cotillard aparecen en el origen de la colección. Cinco nombres pertenecientes a generaciones distintas, unidos por una relación con la moda que nunca ha dependido únicamente de seguir una tendencia. La Femme es un manifiesto de amor hacia la moda y sus musas, construido alrededor de ese encuentro entre el clasicismo atemporal y una elegancia más libre y audaz.

No se trata, sin embargo, de reproducir el guardarropa de ninguna de ellas. La referencia resulta mucho más interesante cuando se entiende como una reflexión sobre aquello que convierte a una mujer en referente de estilo.

Esa idea atraviesa buena parte del trabajo de Malne. La moda aparece aquí como una herramienta para construir identidad y no como una sucesión de códigos que deban obedecerse. De hecho, Paloma Álvarez explicaba tras el desfile que la colección recorre mujeres muy diferentes porque la feminidad admite “muchas posibilidades”, desde perfiles románticos o clásicos hasta otros deliberadamente más rompedores.

París, más allá del tópico

Vestido de lunares desfile Malne en MBFW septiempre 2026

La referencia parisina recorre La Femme sin convertirla en un ejercicio nostálgico. París aparece como cultura de moda: los ateliers, las grandes casas, la sastrería, las musas y esa tradición según la cual el diseñador no vestía únicamente un cuerpo, sino que construía junto a él una imagen.

El desfile comenzó con la voz de Brigitte Bardot y el tema principal de “Y Dios creó a la mujer” (Et Dieu… créa la femme, 1956), estableciendo desde los primeros segundos el territorio en el que se movería la colección. A partir de ahí surgieron ecos de referentes franceses: lunares, estampados animales, motivos florales y una determinada teatralidad francesa que Malne llevó hacia su propio lenguaje.

La diferencia está precisamente ahí. La Femme no intenta convertir Madrid en París. Toma algunos de los grandes códigos de la historia de la moda francesa y los hace pasar por una casa que lleva una década desarrollando sus propias proporciones, hombros, cinturas y volúmenes.

Del negro a una colección especialmente cromática

En la pasarela aparecieron algunos de los elementos más reconocibles de Malne: hombros marcados, sastrería de líneas verticales, chaquetas ceñidas a la espalda, vestidos camiseros llevados como abrigos ligeros y una versión Malne del esmoquin. Las prendas fueron construyendo alternativamente siluetas precisas y momentos de mayor fluidez, dejando que cada tejido reclamase una forma diferente.

También el color introdujo un cambio de registro. El negro, inseparable del vocabulario visual de esta casa, convivió esta vez con dorados, tierras, rojos, rosas y morados. El resultado fue una de las colecciones más cromáticas de Malne, una apertura que acompañaba el propio argumento de La Femme: si no existe una única manera de entender la feminidad, tampoco podía existir una única mujer alrededor de la cual organizar todo el desfile.

Cuando desfilar significa interpretar

El claustro de la Universidad Nebrija terminó aportando otro elemento fundamental al relato. Sus cuatro tarimas permitieron plantear el recorrido como algo más cercano a una sesión fotográfica que a una pasarela convencional.

Las modelos se detenían, posaban y daban tiempo a que cada look adquiriese una presencia distinta. Paloma Álvarez y Juanjo Mánez explicaron después que aquella decisión estaba directamente relacionada con las musas que inspiraban la colección: mujeres pertenecientes a una cultura de la moda en la que posar implicaba interpretar, jugar con la prenda y construir un personaje delante de la cámara o del público.

La pasarela recuperó así algo que la velocidad contemporánea de las imágenes a veces deja en segundo plano: el placer de mirar una prenda durante unos segundos más.

Diez años después, la personalidad Malne permanece en el centro

La Femme llega además en el año en que Malne celebra una década desde su nacimiento en 2016. Resulta interesante observar hasta qué punto diez años de trabajo han terminado construyendo un vocabulario reconocible.

La evolución también se percibe en las mujeres a las que se dirige la firma. Paloma Álvarez señalaba después del desfile que Malne se considera hoy una casa madura y que, con el tiempo, su universo se ha ampliado desde una clientela estrechamente relacionada con la vida social hacia mujeres que utilizan la moda, ante todo, para reforzar su personalidad.

Quizá ahí se encuentre una de las claves más interesantes de La Femme. Hablar de feminidad en 2027 difícilmente puede significar imponer una única silueta, una edad o una manera de presentarse ante los demás. La colección opta por recorrer varias posibilidades y permite que convivan el rigor de un esmoquin, la sensualidad de un vestido, la ligereza de una gasa, la arquitectura de un hombro o el exceso deliberado de una flor, una pluma o un estampado.

Una declaración de amor a la moda

Después de diez años, La Femme no busca resumir la historia de Malne. Hace algo más sencillo y probablemente más significativo: vuelve a aquello que está en el origen de una firma de autor.

En una semana de la moda especialmente volcada en llevar la creación española a diferentes rincones de Madrid, Malne eligió recordar que una colección también puede ser un espacio de memoria. Memoria de los grandes diseñadores, de sus musas, de una determinada forma de desfilar y, sobre todo, de una manera de entender el oficio que continúa teniendo sentido en el presente.

Porque las modas cambian. El estilo comienza precisamente donde una mujer deja de obedecerlas y empieza a hacerlas suyas.

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