Antes de convertirse en una prenda terminada, una idea pasa por muchas manos. Hay tejidos extendidos sobre una mesa, patrones que se corrigen, alfileres, pruebas sobre el cuerpo y decisiones que a veces nacen de un gesto casi imperceptible. El atelier es el lugar donde el diseño deja de ser una intuición y empieza a adquirir volumen, proporción y carácter.
La vida dentro del atelier centra nuestra conversación con Paloma Álvarez y Juanjo Mánez: cómo nace una prenda, qué ocurre entre el boceto y la primera prueba, cómo dialogan diseñadores y artesanos y qué papel tienen el espacio, las manos y el tiempo en el resultado final. Una mirada al universo Malne desde el lugar donde conviven cada día creación, oficio y relación humana.
Cuando entráis cada mañana en el atelier, ¿qué es lo primero que suele ponerse en marcha: una idea, un tejido, un patrón, una conversación?
Lo primero de todo son nuestras clientes. El calendario de entrega y la supervisión de su confección. Si estamos en período de meternos de lleno en la colección, nos gusta conversar entre nosotros, para ver a qué punto llegamos en el mensaje artístico, colores, tejidos…
¿Hasta qué punto el espacio físico influye en vuestra manera de diseñar y en las decisiones que tomáis sobre una prenda?
Necesitamos varias cosas: un espacio amplio y luminoso, pintado preferentemente de blanco ligeramente tomado y rodeado de los tejidos seleccionados. Nosotros vestimos preferentemente de negro o de blanco para no interrumpirnos visualmente con atuendos que nos desvíen la atención. Es, en cierto modo, algo casi religioso. El santuario, la inspiración, los materiales de dibujo, las fotos, los tejidos y nosotros dos, trabajando en el templo.
En un atelier conviven muchas manos y muchos oficios. ¿Cómo se transforma una idea vuestra desde el primer boceto hasta que empieza a adquirir volumen, estructura y presencia sobre el cuerpo?
La idea comienza a adquirir forma teniendo una conversación técnica con el jefe de taller, que es un patronista excepcional. Se encarga de traducir en plano lo que le estamos diciendo, con indicaciones y tejidos ya seleccionados.
Esta persona hace el patrón y corta el tejido que pasa a las manos de los costureros y costureras. También hay piezas que se bordan, o se adornan con otras artesanías. Este año hemos encargado una pieza de lana tejida completamente a mano por una artesana de Málaga.
¿Qué importancia tienen los momentos aparentemente pequeños —una prueba, una corrección sobre el maniquí, una conversación alrededor de la mesa— dentro del proceso creativo?
Después de patronar y cortar, se hilvanan las piezas de la prenda y pasa a nuestra supervisión: «¿Se ha logrado materializar lo que tenemos en mente?». Lo más habitual es que hagamos algunas correcciones de largos. También, además del diseño con patrón, hacemos moulage. En ese proceso participamos Juanjo y yo junto con el jefe de taller.
Un punto importante es probar alguna pieza sobre una modelo. Es emocionante ver cómo cobra vida la prenda.
Si alguien pudiera observar un día entero de trabajo sin intervenir, ¿qué creéis que entendería sobre Malne que resulta difícil explicar únicamente viendo una prenda terminada?
Si alguien nos observase, entendería que la moda es un arte.







