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Vestirse nunca ha sido un gesto completamente neutro. Una silueta, una proporción, una forma de construir el hombro o de acompañar el movimiento pueden hablar de una época, de una sensibilidad y también de la persona que lleva la prenda. Cuando detrás existe una mirada propia, el diseño deja de limitarse a vestir el cuerpo y empieza a construir un lenguaje.

La diferencia entre ropa y moda centra nuestra conversación con Paloma Álvarez y Juanjo Mánez: la autoría, el vínculo entre diseño y arte, la relación con el cuerpo femenino y la capacidad de una prenda para expresar identidad. Una reflexión sobre el sentido de vestir y sobre aquello que convierte una creación bien ejecutada en una pieza con intención, carácter y una firma reconocible.

Se habla mucho de prendas bien hechas, buenos tejidos y buenos acabados. Pero, para vosotros, ¿en qué momento una prenda deja de ser simplemente ropa y empieza a convertirse en moda?

Desde el momento en que el significado de la prenda es una expresión artística de sus autores. Los creadores somos los diseñadores del mundo que nos rodea. Si alguien piensa, por ejemplo, en los años 70, en seguida acuden imágenes de un tipo de prenda de vestir, más informal, hippie, pantalones de campana, un tipo de casa, de arte, de música. La moda, entendida como expresión creativa de artistas, es arte.

¿Qué papel juega la autoría en esa diferencia? ¿Puede existir verdadera moda sin una mirada personal y reconocible detrás del diseño?

Al igual que hay comida, a la carta en un bar, o en un restaurante de especialidad de un país, está la cocina de autor, que es algo más que comida. Es un ejercicio artístico de un maestro culinario. Hay barcos, y luego está el clipper, hay sillas y mesas, pero luego están los maestros del diseño de muebles que son incluso escuela de diseño. La moda es algo similar. Está “la ropa”, la que usamos para ponernos algo por encima, y luego está la moda, que es una expresión artística y que para una misma es un estilo, una evolución en la manera en la que te presentas frente a los demás.

¿Qué papel tiene el cuerpo en vuestra forma de diseñar? ¿Cómo puede una prenda ayudar a una mujer a expresar quién es, más allá de vestirla o favorecerla?

Nosotros siempre vemos la energía de esa persona, y jugamos a hacerla brillar. Luego, técnicamente, con el patronista, vemos si un talle le va a quedar mejor más alto o más bajo, pero la cliente nunca experimenta una regañona por tener el físico que tiene, al contrario, experimenta que su cuerpo no tiene porqué ser perfecto, sino que la prenda es lo que debe serlo.

Durante mucho tiempo la moda estuvo estrechamente ligada al arte y a la cultura. ¿Creéis que hoy estamos recuperando esa dimensión o que la velocidad de las tendencias y del consumo ha cambiado nuestra manera de entenderla?

Estoy de acuerdo en que existe una voracidad de consumo y de exhibición permanente en RRSS que culmina en que se disuelvan los significados de las cosas. Pero ese paso, que nos veíamos venir, también conlleva otro, la persona que aprecia lo exquisito. Es como el que, en un mundo donde el reloj es el teléfono, adquiere un reloj maravilloso de un maestro relojero.

¿Creéis que la manera de vestir sigue siendo una forma de lenguaje? ¿Qué puede contar una persona sobre sí misma a través de una prenda antes incluso de decir una palabra?

Para nosotros lo importante es que esa persona se sienta ella misma, cómoda y favorecida. En ese momento es cuando emerge lo mejor de esa mujer, y por tanto, a través de las prendas, contagia un humor, un estilo, que impregna y se hace inolvidable.

Paloma Alvarez y Juanjo Mánez